De tintas.

Es el pulpo el que tiene la tinta? ¿O el calamar?
Eso dudaba el otro día mientras me bañaba y chorros de tinta violeta escurrían desde mi pelo y manchaban todo a su paso.
Como sea, el animalito emana su tinta a manera de defensa. Y nunca me había sentido tan identificada.
Está bien, a mi no me están atacando predadores que quieren hacerse un festín con mi carne. Es sólo mi familia, alimentándose de la crítica, del control que ejercen sobre mí.
El año pasado para nochebuena me esforcé, me puse una buena remera, me arreglé las uñas, me peiné. Sabía que me iban a criticar. Sabía que nunca iba a ser lo que ellos quieren. Pero no, la remera era demasiado oscura para mi complexión, las uñas una mersada, el pelo largo me quedaba mejor.
Lo cierto es que criticar van a criticar igual.
Me harté. Desde principios de diciembre me agarró la desesperación por teñirme todo el pelo de violeta. Algo que no irían a aprobar, ni mi trabajo (por eso estaba desesperada por las vacaciones), ni mi padre, ni mis tías y primos.
Pero ya fue. Estoy cansada, estoy harta de que las decisiones sobre mi cuerpo le pertenezcan a todos menos a mí.
Quiero, como se dice en inglés ‘to reclaim my body’. Reclaim es una palabra a la que no le encuentro traducción pero es perfecta. Volver a ser dueña de mi cuerpo sería, ¿pero alguna vez fue mío? ¿Cuándo tomé decisiones sobre el mismo? Decisiones libres, sin temer represalias o críticas.
Supongo que la primera vez fue cuando tenía 18 y me quise hacer un Piercing. Momento que marco como la primera vez en la vida en que hice lo opuesto a lo que mis padres querían, a propósito. Y se sintió tan bien. Tenía 18 años y era libre al fin.
Bueno, algo. Porque el control nunca cesó. Que no me ponga eso, que me arregle las uñas, que no vaya así despeinada, que no me compre tal ropa, ir de compras con mi madre terminaba siempre en una pelea. Una pelea que yo perdía a propósito. Porque no quería que ella se enojara conmigo, no quería que ella sufriera. En el fondo, quería ser la hija perfecta. Por las dudas.
Pero abajo de los sweters que ella me elegía se escondían mis cicatrices. Porque si tenía que volver a clamar mi cuerpo, la única opción que me quedaba eran las marcas. Los cortes, la sangre, finalmente algo era mío y nadie lo sabía. Hasta que las descubrió obvio.
Pero esa es otra historia.
Diciembre de 2014 me cansé. Voy a teñirme de violeta, ponerme algo para que se me vean los tatuajes, remera negra obvio, nada de vestidito, que tanto mi tía (que estaría en otra provincia) y mi padre me insistieron. No, voy a ir lo más masculina posible para confundir a los menores de la familia. Y a todos. ¿Cuál es la obsesión de mi familia de verme con vestido? Capaz quieren recuperar la ilusión de verme femenina, porque de ahí a que conozca un ‘buen muchacho’ y me case y empiece a parir niños es un paso? No, lo siento, sigo siendo igual de homosexual y anti monógama con vestido y con camisa y corbata.
Pero mi rebelión (adolescente tardía?) no fue sólo con hechos sino que también empecé a hablar.
Cuando le dije a mi tía S que no me había puesto vestido, ‘para no darles el gusto’ me dijo: ‘qué mala!’
Mala? Estuve 26 años haciendo lo que ustedes querían, sometiendome a sus críticas y consejos que nunca pedí, rompiéndome la cabeza para ser lo que ustedes querían que fuera, a costa de que me saliera sangre de los brazos.
Pero no, para ella estoy exagerando, ‘es tu realidad, no significa que sea así’
Traté de decirle que en psicología la única realidad que importa es la del paciente, la vivencia interna. Te estoy pidiendo que lo veas de mi lado. No te estoy pidiendo que te defiendas, que saltes a lavarte las manos. Estoy sufriendo y por primera vez estoy hablando de lo que me pasa. Estoy con constantes ganas de llorar, con antidepresivos y ansiolíticos, con problemas de sueño y con cortes por todos lados. Pero claro, es mi realidad.
Lo mismo mi viejo, que cuando mi psicóloga le dijo que me pasaba a psiquiatra se re preocupó y preguntó que cómo podía ayudarme y que me quería y que no estuviera mal. Pero cuando le cuento finalmente qué es lo que me atormenta me dice ‘a vos también te molesta todo’
¿Cuándo me quejé? ¿Cuándo me revelé? Capaz estás acostumbrada a la hija mansita que internamente se agota pensando la respuesta correcta siempre. Y no podés tolerar que esto soy yo. ‘¿Y si te lo pido yo? ¿Qué no te tiñas el pelo porque a mí me pone incómodo?’ Me estás jodiendo? Sabés todo lo que hice por vos? No digo que no él no haya hecho nada por mí, al contrario, de eso no me puedo quejar. Pero estoy harta de que controlen mi cuerpo.
Mi cuerpo es mío y vengo a reclamarlo. Aunque tenga que mancharlos a todos con mi tinta violeta.

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~ by magenta66 on January 1, 2015.

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